Trabajo y empleo de las mujeres en Europa

2.8 La importancia de la articulación producción/reproducción

Al subrayar la ley del embudo que rige la relación para con el empleo y para el trabajo de los hombres y las mujeres en Europa, las últimas investigaciones en dicho campo han prestado especial atención a la importancia de la articulación entre la esfera de la producción económica (empleo) y de la reproducción (hogar).

El enfoque innovador de dichas investigaciones estriba en el rechazo de analizar las características específicas y/o atípicas de la actividad profesional de las mujeres sólo en función de sus supuestas "necesidades". Así pues, mientras que los enfoques más tradicionales tendían a presentar las modalidades especificas de la actividad femenina (carreras discontinuas, tiempo parcial, etc.) como sendas soluciones al deseo de las mujeres de "combinar" mejor sus papeles contradictorios de madre-esposa y trabajadora, las investigaciones más recientes en términos de relaciones sociales de sexos subrayan los inevitables callejones sin salidas a los que lleva semejante enfoque.

En efecto, sin un replanteamiento simultáneo dl trabajo asalariado y del trabajo doméstico, tenemos la tentación de analizar el reparto sexual del trabajo sólo en función del peso de las cargas domésticas y familiares que pesan de manera desigualitaria sobre las mujeres. Sus resultados en el mercado serían inferiores (en términos de cualificaciones, promociones, salarios, etc.) porque el peso de dichas responsabilidades las frenarían en su carrera. Ahora bien, tal enfoque conduce a "renaturalizar" el reparto sexual del trabajo doméstico, tomado como dato, como algo inscrito en las características genéticas, fisiológicas o psíquicas de los hombres y las mujeres.

Si no se pueden negar los efectos del reparto sexual del trabajo doméstico sobre el porvenir profesional de las mujeres, representa empero un fenómeno construido socialmente (en función de normas de masculinidad y feminidad vigentes en una sociedad dada). Por lo tanto, también es susceptible de modificarse a lo largo del tiempo y sufrir la influencia retroactiva del reparto sexual del empleo. En cualquier caso, resulta imprescindible entender la importancia de la articulación dialectica entre la esfera económica y la doméstica en el proceso de producción/reproducción de la situación económica y social de las mujeres. En efecto, tal y como lo subraya Battagliola (1984:63)

"la diferenciación por sexo de los empleos ocupados y de las evoluciones profesionales se fundamenta en las posiciones diferentes de los hombres y las mujeres en la esfera de la reproducción, pero no dimana directamente de ella. Es en efecto a través de una política de gestión de personal, un conjunto de reglas informales y las estrategias de los actores que se afianza y se reproduce el reparto sexual del trabajo en el marco de la producción".

Los mecanismos de dicha articulación dialéctica parecen desempeñar un papel fundamental en la creación de las formas atípicas de trabajo, entre las cuales el trabajo a tiempo parcial. En efecto, como afirma Kergoat en sus análisis del tiempo parcial femenino, parece ser que la "elección" por parte de las mujeres de trabajar a tiempo parcial es la traducción concreta, a nivel individual, de una contradicción de índole social y colectiva. Dicha contradicción nos remite a las características de la relación para con el empleo de las mujeres que hemos descrito y puede resumirse de la siguiente manera: las mujeres europeas cada vez más han ido integrando e interiorizando su derecho al empleo (en distintos grados según el nivel de cualificaciones, la situación familiar, el contexto de sociedad, etc.), pero al mismo tiempo nada (o casi nada) ha cambiado para la mayoría de ellas, ni en cuanto al "reparto" de las tareas domésticas y responsabilidades familiares, ni en las condiciones laborales y las perspectivas de carrera profesional.

El carácter dialéctico de los mecanismos de reproducción del reparto sexual del trabajo y del empleo puede ser analizado con un ejemplo muy elocuente. En su análisis de las trayectorias profesionales y familiares de hombres y mujeres empleados por la Seguridad social en Francia, Battagliola intenta captar las dimensiones objetivas y subjetivas de dicha articulación. Demuestra como hombres y mujeres empiezan a trabajar muy joven (pero en una relación de un hombre frente a 10 mujeres) y, con niveles de formación comparables (FP). Al empezar su carrera ocupan los mismos escalones bajos de la jerarquía profesional pero conforme adquieren antigüedad en dicha institución aparece una diferencia clara -al cabo de unos diez años: la mayoría de las mujeres siguen concentradas en las categorías del personal de ejecución. En cambio, los hombres se reparten entre empleos subalternos muy específicos, que por ejemplo les dejan un gran margen de maniobra en la organización espacial y temporal de su trabajo, y los puestos de mando. Asimismo, "al cabo de diez años de antigüedad, efectivamente las personas entrevistadas ocupan puestos muy distintos, según sean hombres o mujeres (p. 64)".

En efecto, parece que los hombres sacan provecho directamente de su condición de minoría en la institución. Como los puestos interesantes y las posibilidades de seguir cursos de formación son relativamente escasos, éstos corren a cargo de los agentes de mando (hombres) que hacen seguir a los jóvenes empleados de su servicio el mismo recorrido que el suyo. Como lo subraya la autora, "dicha discriminación no es tan voluntaria sino que es fruto de prácticas cotidianas, de habitus en actos" (p. 65).

Las prácticas de mando y las estrategias de los actores quedan legitimados por la ideología vehiculada en todos los niveles de la institución, según la cual: "ya que tienen que satisfacer las necesidades de sus familias, los hombres abandonarían el organismo si no pudieran subir en la jerarquía, mientras que muchas mujeres sólo vienen a buscar un salario complementario" (p. 65).

Las explicaciones aportadas para justificar esta situación remiten todas a la posición de hombres y mujeres en la esfera familiar, que seguiría prioritaria para las mujeres y las frenaría en su vida laboral. Sin embargo, un examen más detallado de los procesos de diferenciación de las trayectorias profesionales de hombres y mujeres permite un replanteamiento de las ideas hechas más resistentes en dicho campo. Por una parte, las mujeres que han interrumpido su actividad laboral cuando estaban embarazadas durante más tiempo que el previsto por la baja por maternidad no abundan en la muestra. De hecho, la mayoría de las mujeres dejan de trabajar por motivos de embarazo como dos veces seis meses (¡un periodo que corresponde exactamente al servicio militar de los hombres!). Pero el resultado más interesante de dicha investigación concierne el caso de las (pocas, por cierto) mujeres que pidieron una baja por maternidad más larga o un puesto a tiempo parcial.

Estas llevan trabajando muchos años en la empresa, con una fuerte inversión que normalmente les hubiera dado tiempo de sobra para conseguir una promoción o por lo menos un puesto más interesante. Para volver a la interpretación de Battagliola,podemos constatar que

"así es como a menudo tras infructuosos esfuerzos en este sentido, algunas mujeres recurren a las bajas sin sueldo o al tiempo parcial, cuando los ingresos familiares se lo permiten, para distanciarse de un trabajo que suele compensarles más bien poco" (p.58).

Se ve muy bien que dicha investigación pone en tela de juicio la lógica imperante en los análisis clásicos en sociología del trabajo -la posición familiar de las mujeres no permite explicar su posición marginada y secundaria en el mercado laboral pero representaría más bien un pretexto justificando su posición laboral, al igual que la de los hombres de cara a las promociones de las que se benefician. Así pues

"la eficacia de tal relación se debe esencialmente a su carácter de evidencia: la institución como sistema de habitus objetivizados en reglas de funcionamiento (formales e informales) intensifican y refuerzan las disposiciones que hombres y mujeres han interiorizados... Dicha diferenciación entre carreras masculinas y femeninas influye a su vez en el funcionamiento familiar en el sentido de una mayor rigidez del reparto del trabajo en la pareja. La promoción del hombre se traduce por una inversión importante en el marco del trabajo. Tiende a movilizar los recursos del grupo familiar en su conjunto y a acarrear una delegación cada vez mayor del trabajo doméstico a la mujer" (p. 68).

Gracias a dicho ejemplo, nos parece que entendemos mejor la complejidad de los procesos que intervienen en la reproducción/ transformación de las relaciones sociales entre sexos y del reparto sexual del trabajo, tanto en la esfera económica como en las demás esferas de la sociedad. Nos encontramos con una forma de "self-fulfilling prophecy" descrita por el sociólogo Robert Merton. Asimismo distingue claramente entre dos categorías de seres humanos en función de su sexo biológico. Dicha bi-categorización sirve de cimiento para la construcción de dos esferas de competencias: para los hombres la asignación prioritaria a la actividad laboral remunerada y para ellas la asignación prioritaria al trabajo doméstico no remunerado. Aunque las personas de uno u otro sexo pueden hacer incursiones en el ámbito de competencias del otro, se supone que va a otorgar un valor superior (y por lo tanto más dedicación) al ámbito que le esta "reservado". Asimismo, aunque los empleadores en algunas situaciones sociohistóricas concretas tengan que recurrir a una mano de obra femenina, en gran medida van a calcar la utilización de dicha mano de obra sobre los esquemas de la bi-categorización vigente. Por lo tanto, buscarán modular las exhortaciones y las recompensas otorgadas a una u otra categoría sexual de la mano de obra en función de lo que esperan a cambio. Partiendo del principio según el cual las prioridades de las mujeres radican en la esfera familiar y doméstica (mientras que para los hombres se basan en la actividad laboral), van a privilegiar a los miembros del grupo sexual más susceptible de colmar sus expectativas. Al gestionar la mano de obra de manera distinta en función del sexo, los empleadores van a contribuir a producir y/o reforzar las prácticas y los comportamientos esperados. Estancadas en su carrera profesional y sometidas a la presión de las normas sexuales, las mujeres van a tender a transferir sus aspiraciones personales a la única esfera susceptible de satisfacerlas: la de la familia. Al adoptar las prácticas profesionales que les permiten desarrollarse completamente en dicha esfera (carreras discontinuas, tiempo parcial, etc.), tendrán que readaptar su participación en el trabajo doméstico en provecho del hombre, del que entonces dependen para garantizar su nivel de vida. Librado en gran parte de las tareas domésticas y responsabilidades familiares de las que podía encargarse cuando su compañera trabajaba a tiempo completo, poco a poco el hombre se encontrara en una situación de gran disponibilidad para con su empleador, al que no le quedará otro remedio que verse confirmado que había tenido razón de privilegiar la promoción, la carrera y la remuneración ya que, al fin y al cabo, ellos resultan ser mucho más concienzudos y de fiar que las mujeres...

2.9. Conclusiones

Si caricaturamos la espiral infernal del "self-fullfilling prophecy" de dicha forma, quisiéramos llamar la atención sobre la complejidad de los mecanismos sociales en juego y sobre los distintos niveles de realidad (prácticas, representaciones) que cabe integrar en el análisis del trabajo y del empleo de las mujeres en Europa.

  • Los análisis comparados de la situación profesional de las mujeres en los distintos países miembros de la Unión Europea presentados en la presente sección tienen que permitir matizar dicho esquema. Ante todo, cabe entender el carácter social e históricamente construido de las distintas modalidades de inversión profesional y familiar de los hombres y las mujeres en los distintos países europeos y asimismo medir los efectos recíprocos que vinculan la esfera de la actividad laboral con la doméstica.

    Todavía es pronto para saber cuáles serán las consecuencias concretas de la construcción europea sobre la transformación del modelo del "hombre suministrador principal de recursos" en el conjunto de los países miembros de la UE. Sin embargo, todo apunta a que, por su voluntad de conquistar nuevos espacios de autonomía y de desarrollo personal, las mujeres europeas dejarán huellas indelebles en la organización familiar y profesional de la Europa del siglo XXI.