Trabajo y empleo de las mujeres en Europa

2.6 La segregación por sexo del mercado laboral

A parte de la presentación de las tasas y modalidades de la actividad femenina, un análisis profundo de las realidades profesionales de las mujeres europeos también ha de tener en cuenta el reparto diferenciado de hombres y mujeres en el mercado laboral -lo que llamamos "la segregación por sexo del trabajo". Como acabamos de ver, dicha segregación reviste dos formas distintas: la llamada "horizontal" y la "vertical".

2.6.1. La concentración de los empleos femeninos en algunos sectores de actividad

- la segregación horizontal remite a la concentración de las mujeres en algunos sectores de actividad. De manera general, se trata de tener en cuenta el reparto de hombres y mujeres entre los tres grandes sectores de la actividad económica: el sector primario (agricultura, actividades mineras), el sector secundario (producción industrial y manufacturada) y el sector terciario (servicios). Conforme ivan evolucionando las sociedades industriales, observamos un aumento de la proporción de la población activa que se concentra en el sector terciario. Dicho fenómeno es especialmente marcado en lo que atañe a la población femenina activa (cuadro 11). En efecto, a lo largo de los años 1980 y 1990, la mayoría de los nuevos empleos creados en Europa lo fueron en el sector terciario, mientras que la agricultura registraba pérdidas considerables y que la producción manufacturada mantenía una estabilidad de las plantillas en los mejores de los casos. Dicha evolución corresponde pues al período histórico marcado por la "llegada masiva de las mujeres en el mercado laboral" en la mayoría de los países europeos. Lejos de expulsar a los hombres de los empleos que tradicionalmente ocupaban (tal como quisieran hacernos creer los que culpan a las mujeres activas por la reciente subida del desempleo), las mujeres se precipitaron hacia los nuevos empleos creados en aquel período.

Como lo demuestra el cuadro 11, si bien es verdad que la parte que corresponde a las mujeres varía según el país (oscilando entre el 55,6% en Dinamarca y el 36,7% en Grecia), en todos sigue superando su proporción en la población activa, sea cual sea el sector contemplado. Así pues, a priori la reestructuración sectorial del mercado laboral depara oportunidades de cambio del esquema tradicional de la segregación profesional. Sin embargo, resulta interesante recalcar que dicha evolución dista de haber cambiado de arriba abajo el reparto tradicional. Las mujeres activas han ido repartiéndose de una manera similar a la de los hombres en el mercado laboral.

Cuadro 11: La segregación del empleo femenino por sector importante, EU12, 1990

    (% de mujeres empleadas en cada sector de actividad)

País

 

Agricultura

 

Industria

 

Servicio

 

Conjunto

Alemania (*)

43.9%

25.4%

50.8%

40.4%

Austria        
Bélgica

26.0%

19.4%

46.4%

45.9%

Dinamarca

23.1%

26.8%

55.6%

45.9%

España

27.1%

16.8%

42.1%

31.9%

Finlandia        
Francia

34.4%

24.8%

51.8%

42.5%

Grecia

44.5%

23.5%

36.7%

35.2%

Irlanda

10.4%

21.8%

45.2%

33.1%

Italia

35.4%

24.5%

39.4%

34.2%

Luxemburgo

33.3%

10.9%

45.7%

34.4%

Noruega        
Países Bajos

27.3%

16.0%

47.0%

37.9%

Portugal

49.7%

31.8%

46.6%

42.1%

Reino Unido

22.7%

23.2%

53.9%

43.2%

Suecia        
E12

35.3%

23.6%

48.4%

39.2%

(*) Sin tomar en cuenta los nuevos Länder

Fuente: Boletín...(1993), Nº2:3.

Globalmente (todos países confundidos), en los sectores en expansión numérica en los años 80, algunas mujeres sí pudieron acceder a categorías de empleo tradicionalmente masculinos. En otros sectores cuyas plantillas se quedaron estables, la segregación entre sexos se ha mantenido o hasta ha aumentado (Boletín...(1993), Nº3:2). Asimismo, cuando el número de empleos en los sectores llamados "femeninos" ha aumentado en el transcurso de dicho período, dicho aumento benefició sobre todo a las mujeres. Así pues, la proporción de mujeres en estos empleos también fue aumentando y la concentración de las mujeres en los empleos rubricados como "femeninos" se acrecentó aun más que antes. En cambio, cuando las plantillas se quedaron estables o se mermaron en los sectores tradicionalmente masculinos, la ratio hombres/mujeres en el sector apenas cambió (Boletín...(1993), Nº3:2).

Existen, no obstante, ciertas particularidades nacionales frente a dicho esquema general. En los países en los cuales la actividad femenina progresó muy rápidamente en los años 80 (al partir de una tasa de actividad muy baja), la tasa de feminización del sector industrial experimentó un aumento significativo -así fue en España, Grecia y Portugal- pero incluso en dicho casos la tasa sigue inferior a la del sector terciario.

2.6.2. La concentración de las mujeres en los empleos de bajo nivel

- la segregación vertical remite a la concentración de las mujeres en ciertos niveles de la jerarquía profesional, independientemente del sector de actividad contemplado. Dicha dimensión de la segregación por sexos tiene que relacionarse con el acceso de las mujeres a la enseñanza superior y de manera más general a las formaciones que implican una cualificación. Aunque existen diferencias según los países en cuanto al papel desempeñado por el nivel de cualificación formal en la obtención de los puestos más prestigiosos, ello no impide que "la palanca de las cualificaciones" haya sido determinante en la femenización de las profesiones llamadas "superiores". Así pues, en todos los países europeos, las mujeres consiguen títulos que les facilitan el acceso a los empleos ubicados arriba en la escala de la jerarquía social y profesional. Tal como indica el cuadro 12, proporcionalmente las mujeres quedan más representadas que sus homologos masculinos (un 19% de las activas frente al 16% de los hombres activos) en la categoría de las "profesiones científicas, técnicas y liberales", aunque ésta presente un grado de femenización de sólo un 45%.

Cabe recalcar que en los países más ricos de la Unión europea, la proporción de empleos en esta categoría es mayor, lo que a su vez influirá en la proporción de mujeres activas que tienen acceso a ella. Sin embargo, no existe ninguna relación estadística directa entre las tasas de actividad femenina y el acceso de las mujeres a las profesiones superiores. En otras palabras, no es necesariamente en los países en los cuales las mujeres son más numerosas en ejercer una actividad laboral, ni siquiera en los países en los que sus trayectorias profesionales se caracterizan por una mayor continuidad, donde encontramos las tasas de acceso más elevadas de mujeres en las profesiones superiores.

Cuadro 12: Reparto de hombres y mujeres por categoría profesional, EU11, 1990

 

 

Grandes grupos de profesiones

 

Empleo de mujeres / empleo de hombres

(en %)

 

Concentración del empleo

 

 

Mujeres

(en %)

Hombres

(en %)

1. Personal de las profesiones científicas, técnicas, liberales y asimiladas (juristas, docentes, artistas, enfermeras, científicos, etc.)

 

45/55

 

19%

 

16%

Directivos y ejecutivos administrativos superiores (managers, etc.)

 

23/77

 

2%

 

4%

Personal administrativo y trabajadores asimilados (secretarios/as, cajeros/as, empleados/as de oficina, etc.)

 

64/36

 

30%

 

11%

4. Personal comercial y de venta (incluídos los directores)

 

49/51

 

12%

 

9%

5. Trabajadores de los servicios a las empresas y a particulares (policía, peluquería, limpieza, etc.)

 

66/34

 

20%

 

7%

6. Agricultores y trabajadores del campo

 

34/66

 

5%

 

7%

7. Obreros y peones

(obreros de la producción y de la construcción, etc.)

 

16/84

 

12%

 

45%

8. Fuerzas armadas

 

-/100

 

-

 

1%

Empleo Total (EU 11 países)(*)

 

 

41/59

 

100%

 

100%

(*) Salvo Italia

Fuente: Boletín...(1993), Nº3:2.

Recordemos por cierto que dicha postura relativamente privilegiada en el mercado laboral sólo corresponde a un 19% de las mujeres activas en la Unión europea. Cabe relacionarla con otra característica fundamental de la actividad femenina, a saber la concentración muy fuerte de mujeres en los empleos llamados "de cuidados" (caring professions), especialmente en el sector público. Así pues, incluso cuando gracias a sus diplomas las mujeres acceden a las categorías superiores, no necesariamente ejercen las mismas profesiones que los hombres y sus condiciones de trabajo tampoco son las mismas.

La enseñanza es un excelente ejemplo de dicho reparto diferenciado de hombres y mujeres en el seno de la misma categoría socioprofesional. Primero, la proporción de mujeres docentes dentro de la categoría I varía muchísimo de un país a otro. Así pues, el 60% de las mujeres clasificadas en dicha categoría en Portugal son docentes (y es en Portugal donde encontramos la tasa más elevada de femenización de la enseñanza) frente a menos del 20% de las mujeres clasificadas en dicha categoría en Dinamarca. Sin embargo, en el conjunto de los países europeos, la enseñanza representa una de las categorías de empleo más importantes para las mujeres con titulación. En 1990, dicha actividad representaba entre el 5% y el 12% del empleo de las mujeres en los distintos países miembros. Salvo los Países Bajos, la mayoría del profesorado europeos son mujeres. No obstante, los hombres sí son mayoría en la enseñanza universitaria (de mayor prestigio), mientras que las mujeres se concentran más bien en la primaria y en una menor medida en la enseñanza secundaria. Nos encontramos una vez más con la movilización y una transferencia de las "capacidades naturales" de las mujeres para la educación de los más pequeños en el mercado laboral. Esta idea es pertinente ya que los niveles de remuneración ejercen una influencia determinante en la proporción de hombres en la enseñanza mientras que a las mujeres los bajos salarios parecen desalentarlas menos. En algunos países, la reducción de las tasas de remuneración relativas a la enseñanza coincide con una feminización creciente de dichos empleos. Parece por lo tanto que los niveles de salarios inferiores quitan a los hombres titulados la idea de elegir dicha profesión. Sin embargo, la atracción de dicha profesión para las mujeres no se puede explicar sólo por su supuesta "compatibilidad" con las responsabilidades familiares y domésticas. A decir verdad, el tiempo de trabajo de los docentes varía ampliamente de un país a otro pero resulta que los hombres suelen ser más numerosos que las mujeres cuando la carga de trabajo es muy reducida. Asimismo en los Países Bajos, los docentes trabajan sobre todo a tiempo parcial y los hombres representan más del 60% de dicha rama (Boletín...(1993), Nº3:3).

Si el acceso creciente de las mujeres a las profesiones superiores antes consideradas "bastiones masculinos" es un fenómeno recurrente en el conjunto de las sociedades europeas, conviene situarlo en el contexto de la reciente expansión de los empleos cualificados en el sector público. En efecto, la "presencia" de las mujeres en los escalones superiores de la jerarquía socioprofesional está directamente vinculada con la importancia de los empleos que se sitúan en la categoría de los servicios sociales, sanidad y educación y que en su mayoría son empleos del sector público o semi-público. La concentración de mujeres de la categoría "ejecutivos y profesiones intelectuales superiores" en el sector público obedece a varias lógicas a veces contradictorias.

Por una parte, la existencia de oposiciones para acceder a la función pública en la mayoría de los países europeos, hace que el acceso a puestos de responsabilidad en el sector público dependa de criterios relativamente objetivos (títulos, nota en las oposiciones) que da poca (o menor) cabida a la discriminación directa por razones de sexo que suelen sufrir las mujeres con empleadores potenciales en el sector privado. Además, en algunos países de la Unión europea, la aplicación de políticas públicas a favor de la igualdad de oportunidades fue garantizada sobre todo por el empleador-Estado. Luego, la organización y las condiciones de trabajo en dicho sector ofrecen cierto número de ventajas a las mujeres que quieren combinar vida laboral y familiar: jornada laboral y derecho a vacaciones más flexibles que en ciertos empleos del sector privado. Finalmente, sondeos revelan mayor sensibilidad de las mujeres ante el "servicio público", el "ser útil a la sociedad" y "la ayuda a los desfavorecidos" en el marco de su actividad profesional. Tales representaciones del empleo ideal se plasman mejor en el sector público que en el privado.

Sin embargo, es imprescindible recordar que los empleos del sector público comparten también características menos positivas. Si la competición directa es menor en este sector, también es porque los empleos en el sector público estan peor remunerados que empleos equiparables del privado y los hombres tienden más bien a hacer ascos a los primeros y decantarse por los mejor remunerados... Valga como ejemplo que en el Reino Unido y Alemania, el acceso acrecentado de las mujeres a puestos de responsabilidad en el sector público coincidió con una merma de los niveles de salario. Asimismo, en Francia e Italia, las mujeres ejecutivos del sector público suelen estar más cualificadas que sus homólogos masculinos. Además, datos referentes a Alemania, España y Francia demuestran que en el caso de algunas profesiones superiores muy masculinizadas (investigadores científicos, ingenieros, etc.) la proporción de mujeres es mucho mayor en el sector público que en el privado. Todo apunta pues a que ellas no pueden o no quieren competir con los hombres en los términos y condiciones vigentes en el sector privado (Boletín...(1993), Nº3:4). Por lo tanto, tal concentración de mujeres altamente cualificadas en el sector público resulta ser un arma de doble filo. Si bien es cierto que encuentran facilidades de contratación y promoción, lo hacen a costa de una menor traducción de sus capacidades profesionales e intelectuales en sus retribuciones monetarias.

El análisis de la situación de la pequeña minoría de mujeres "ejecutivos y profesiones superiores" no debería ocultar la realidad profesional de la gran mayoría de las mujeres activas en la Unión europea, a saber las que ocupan empleos más bien en los escalones inferiores de la jerarquía socioprofesional. Como lo demuestra el cuadro 12, más del 60% de las mujeres activas en Europa (frente a menos del 30% para los hombres) ejercen actividades que entran en las tres categorías siguientes: personal administrativo, comercio, servicios directos. En todos los países, salvo España y Luxemburgo, las mujeres ocupan más de la mitad de los empleos administrativos de bajo nivel (secretarias, empleadas de oficina, etc.). En Dinamarca, Francia y Reino Unido, la tasa de feminización de dichos empleos incluso supera el listón de los 70%. En cambio, escasean en los empleos manuales de obrero o de manutención (sólo el 12% de la población activa femenina, frente al 45% de los hombres activos).

Un análisis pormenorizado de los empleos ocupados por mujeres en la categoría de los servicios directos permite entender la complejidad de los mecanismos de reproducción de la segregación por sexos del empleo. Dicho reparto no corresponde a una mera transferencia al mercado laboral de las capacidades domésticas inculcadas a las mujeres. El ejemplo de los empleos de cocinero es muy interesante en este sentido. Mientras que son pocos los hombres que invierten tiempo en la preparación y presentación de las comidas dentro del espacio doméstico (ver cuadro 14), representan más del 40% de los cocineros, camareros y personales asimilados en el mercado laboral europeo. Aquí las tradiciones culturales desempeñan un papel importante en el reparto de hombres y mujeres entre las distintas actividades y estatutos de empleo. Asimismo, Francia presenta una de las tasas más débiles de feminización de los empleos de cocineros, país donde la importancia cultural otorgada a la cocina y a la conservación de técnicas artesanales en el campo de la restauración ha permitido a los hombres conservar su monopolio sobre las actividades "nobles" de dicho sector (mientras que la cocina colectiva - comedores escolares y de empresas- corresponde mucho más a las mujeres. Quizá encontremos otro ejemplo de la importancia de las representaciones colectivas de las normas sexuales en la construcción social de los "empleos femeninos" y "empleos masculinos" en el caso de los camareros. En Irlanda y en el Reino Unido la proporción de mujeres que trabajan de camarera o de cocinera es similar, pero ellas representan sólo el 20% del personal en los bares irlandeses mientras que en el Reino Unido la cifra es del 70%.

Esta breve comparación de las formas de segregación por sexos del empleo permite observar la importancia de las convergencias en el campo:

"Los empleos femeninos se caracterizan por roles de cuidadores, educativos o de apoyo mientras que los hombres tienen la exclusiva de las tareas 'pesadas' manuales, técnicas y de responsabilidad. Globalmente, la presencia de las mujeres ha ido aumentando en los empleos que experimentaron una expansión en los años 80, especialmente en las categorías ejecutivos y profesiones intelectuales superiores así como en los empleos administrativos. Las mujeres suficientemente cualificadas han accedido a profesiones superiores y los hombres ya no son tan mayoritarios en dichos empleos. Es pues una tendencia positiva hacia la des-segregación, patente en todos los países miembros e independiente de las variaciones nacionales de las tasas de participación femenina. Al mismo tiempo, la segregación en las categorías superiores de empleo es obvia, ya que las mujeres siempre se han orientado hacia las profesiones de cuidados y el sector público. [...] En cambio, la relación hombres/mujeres sigue prácticamente sin cambio en las profesiones donde las posibilidades de empleo han quedado estables o han bajado (Boletín...(1993), Nº3:6).

Ello no impide sin embargo que persistan disparidades nacionales en el cuadro general y que nuevas tendencias propias de cada sociedad empiecen a perfilarse. Para concluir dicha parte, conviene subrayar los efectos perversos de la segregación por sexos del mercado laboral desde el punto de vista de las condiciones de trabajo de las mujeres. La tendencia hacia una fuerte concentración femenina en algunos sectores de actividad y en algunos niveles de la jerarquía explica por lo menos parcialmente la importancia de las disparidades de sueldos entre hombres y mujeres que hemos analizado antes. Además, dificulta la aplicación de medidas a favor de la igualdad de remuneraciones entre hombres y mujeres, tanto a nivel nacional como a nivel europeo.

No obstante, la causalidad del vinculo observado entre una tasa de feminización alta y un nivel de remuneración bajo es difícil de captar con precisión. ¿Es la llegada más o menos masiva de las mujeres a un sector de actividad o una profesión concreta la que ejerce una presión a la baja sobre los baremos de remuneración vigentes en el sector/profesión (presión que vendría justificada por la referencia más o menos explícita al modelo "del hombre suministrador principal de recursos") o es el que a los hombres les es más fácil evitar los sectores o las profesiones de bajos salarios que acarrea una concentración femenina en dichas profesiones? El debate sigue abierto y seguimos echando en falta investigaciones sistemáticas en dicho campo.

Lo cierto es que la experiencia de las mujeres en el mercado laboral no puede entenderse sin referirse a otro tipo de reparto por sexos del trabajo - el que caracteriza la esfera llamada "privada" de la familia.