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Trabajo y empleo de las mujeres en Europa 2.1. Cuadro teórico para el análisis comparado del empleo y del trabajo de las mujeresPara llevar a cabo un análisis comparado de la actividad de las mujeres europeas conviene tener en cuenta varios niveles de realidad en los cuales están implicados una serie de actores sociales, económicos y políticos. A fin de identificar mejor cuáles son las divergencias y convergencias en este campo entre los distintos países europeos, hemos de analizar el conjunto de los sistemas sociales nacionales. Las investigaciones más recientes sobre estos sistemas han resaltado el papel fundamental desempeñado por un actor institucional importante - el Estado, o mejor dicho las modalidades de intervención del Estado en la vida cotidiana de los ciudadanos y las ciudadanas. Asimismo los sistemas de protección social estuvieron en el centro de los debates sobre el proceso de transformación de la actividad femenina en las sociedades europeas. Por añadidura, dicho enfoque de análisis es susceptible de sacar a la luz tanto los cambios surgidos en la organización doméstica y familiar, en la ciudadanía y en la participación política, en las prácticas migratorias y de movilidad social y geográfica, como los cambios que afectan de manera más directa a la educación, la formación y el trabajo. Además, dicha perspectiva requiere una sensibilidad particularmente aguda ante la dimensión histórica de los movimientos sociales (entre los cuales destacan los movimientos obreros y feministas) que han influido en la emergencia de los distintos sistemas nacionales de protección social. Finalmente, este enfoque analítico depara la ventaja de colocar la cuestión de las mujeres y de las relaciones sociales de sexo en el centro de las preocupaciones teóricas y metodológicas (Claude Martin (1997) "La comparaison des systèmes de protection sociale en Europe. de la classífication à l'analyse des trajectoires d'Etat providence", Lien social et politiques- RIAC, N°37, primavera: 145-155.) Debido a la centralidad del análisis de las categorías de sexo en esta aproximación, comenzaremos este capítulo con un breve recorrido que nos muestre la perspecyiva teórica del análisis de los papeles sociales de seso/de género. esta breve presentación permitirá precisar los fundamentos ideológicos de la intervención estal y ofrecer una mejor comprensión de los "efectos sexuados" de los diferentes sistemas de protección social en Europa. 2.1.1. Perspectivas teóricas de análisis de los papeles sociales de sexo/de géneroAnte todo conviene establecer una distinción clara entre dos nociones que debatiremos con detalle más adelante, a saber la noción de "sexo" y de la noción de "género" (o de "sexo social"). Ambos términos se utilizan (a veces de manera analógica) para referirse a la diferencia de los sexos. El primero - el sexo- remite en principio a particularidades anatómicas y fisiológicas y el segundo termino - el género- a la dimensión cultural de las diferencias de sexo definidas a través de las diferencias de comportamiento, de prácticas, de valores, etc. En el discurso espontaneo (y en algunos momentos histórico, también en el discurso científico), se establece una relación causal lineal entre ambos términos, partiendo de la idea de que las particularidades del género masculino (lo que también se llama la "masculinidad") y del género femenino (la "feminidad") dimanan de manera automática de las particularidades anatómicas (lo que es muestra del macho y de la hembra respectivamente). Dicho de otro modo, sería el ámbito biológico el que determinaría las diferencias culturales observadas entre hombres y mujeres. En virtud de tal lógica, que es la del "determinismo biológico", se parte de la idea de que existen dos sexos claramente diferenciados desde un punto de vista genético, anatómico y fisiológico y se pretende que los comportamientos de los miembros de cada grupo social -el de los hombres y el de las mujeres- quedarían ampliamente determinados por tales diferencias de índole biológica. No obstante, en una obra apasionante, Thomas Laqueur (1992) nos recuerda que una visión tan dicotómica de las categorías sexuales es un fenómeno relativamente reciente en la historia del pensamiento occidental. Así aborda esta cuestión en el prefacio de su obra: "El Occidente, al igual que las demás civilizaciones, nunca dejó de cuestionarse sobre la diferencia de los sexos. Pero hablar del hombre y de la mujer no implica gran cosa: ¿ Se refiere uno al género - definición cultural según virtudes morales, afectivas, sociales... - o al sexo - definición según particularidades anatómicas? "De hecho, ambas nociones nunca se solaparon. Ya en la Antigüedad, Aristóteles con su definición del orden de los seres y Galien con su definición del corpus anatómico, fundan el modelo del sexo único, que dominará hasta el siglo XVIII, y en el cual el género define el sexo: según su grado de perfección metafísica, hombres y mujeres quedan clasificados a lo largo de un eje en cuya cúspide está el hombre. A nivel anatómico, no existen diferencias orgánicas entre hombres y mujeres, sino que las mujeres tienen sus órganos dentro del cuerpo y no fuera. El género es un hecho inmutable de la naturaleza, dictado por la jerarquía perfecta del cosmos; el sexo es un efecto de las convenciones muy útil ya que permite distinguir dentro de la unicidad de la anatomía. "En el siglo XVIII surge el segundo modelo de la diferencia sexual: el modelo de los dos sexos en el cual el sexo define el género, a diferencia del primero. Hombres y mujeres presentan diferencias inconmensurables tanto anatómicas como fisiológicas, de modo que los géneros definen virtudes y roles en función de las raíces biológicas. El sexo es un hecho inmutable de la naturaleza mientras que el género es un efecto del determinismo biológico en el universo de las convenciones culturales, políticas, artísticas y sociales. "Sin embargo dichos modelos no se suceden en el tiempo de manera lineal: ya en el siglo XVI algunos autores planteaban la irreducible diferencia anatómica mientras que en el siglo XX hay quiénes, como Freud en sus Ensayos sobre la teoría sexual, conciben la sexualidad en conformidad con el modelo del sexo único... Ambos modelos coexisten en el tiempo; si su influencia en las mentalidades puede relacionarse con evoluciones generales -económicas, culturales, sociales- en ningún caso pueden justificarla por sí solas, ni menos aún los avances en los conocimientos anatómicos que suelen amoldarse a las representaciones dictadas por cada uno de dichos modelos. Es pues el segundo modelo de la diferencia de los sexos (el modelo según el cual el sexo determina el género) el que impera en el pensamiento occidental desde hace más de tres siglos. Cabe recalcar la independencia relativa entre la imposición de dichos modelos y el conocimiento científico del cuerpo humano en el transcurso de la historia. Convendría más bien enlazar la emergencia de dicho modelo con la ideología de la Ilustración y con la valorización de la "racionalidad científica" que se impone en aquella época. Asimismo, puesto que la superioridad universal de los hombres ya no se puede atribuir legítimamente a una mera "voluntad de los dioses", debe fundamentarse y explicarse de manera racional. Por lo tanto, no hay nada más fácil que recurrir a las diferencias fisiológicas "obvias" entre hombres y mujeres. Para un análisis del "valor diferencial de los sexos", les remitimos también a la obra de Françoise Héritier (1996). No podemos olvidar que la emergencia de dicha visión dicotómica de las categorías sexuales se inscribe en un contexto histórico muy agitado, marcado a la vez por las premisas de la Revolución industrial y sobre todo por los trastornos de la Revolución francesa. No cabe la menor duda de que dicha ideología de la "inferioridad de las mujeres inscrita en sus características biológicas" influyo drásticamente en los procesos que llevaron a su sencilla y llana exclusión del sufragio llamado "universal" instaurado en Francia después de 1789. Dicho modelo se basa pues en la idea de una bi-categorización fundamental, llamada "natural" entre los sexos en cualquier sociedad humana. Como cualquier modelo hipotético, será objeto de numerosos intentos de comprobación científica. Asimismo, a lo largo del siglo XVIII, XIX e incluso del siglo XX, aparece una plétora de investigaciones "científicas" cuyo cometido es medir las diferencias "naturales" entre los sexos y utilizar estas marcas para explicar (y por lo tanto justificar) los lugares específicos ocupados por los hombres y las mujeres en el seno de las sociedades occidentales. La ciencia centrará mucha atención pues en la valoración exacta de las diferencias de fuerza física de hombres y mujeres, en la influencia diferenciada de las hormonas masculinas y femeninas sobre las características fisiológicas y psicológicas de los hombres y las mujeres y especialmente en el tamaño del cerebro... ,siendo dicho órgano en general más pequeño y más ligero en las mujeres. Gracias a tales investigaciones, se llegará a la conclusión de la "incapacidad natural" de las mujeres para desempeñar ciertas funciones sociales y se buscara fomentar a contrario sus aptitudes "naturales" para desempeñar otras... La idea según la cual "tanto en el ámbito anatómico como fisiológico, mujeres y hombres son inconmensurablemente diferentes" permite entender la importancia prestada a la diferencialización de los sexos y la emergencia progresiva de lo que algunos autores como Nicole-Claude Mathieu (1992) han llamado "el tabú de la similitud". Lejos de situarse en el continuum de una jerarquía social, las categorías de sexo concebidas de dicha manera remiten a dos "subespecies" del género humano, cuyas fronteras cabe trazar en todos los ámbitos de la vida social (apariencia física y estética por supuesto, pero también capacidades intelectuales y prácticas sociales). Dicho proceso de diferencialización se cumple entre otros modos a través de la socialización diferenciada de las niñas y los niños - la "socialización sexuada", que trataremos en la segunda parte del presente apartado. Es fácil entender como, ya a finales del siglo XIX, esta visión dicotómica de las categorías sexuales pudo ser utilizada para justificar las distintas modalidades de la intervención del estado cuando la instauración incipiente de los sistemas de protección social en Europa. El consenso según el cual hombres y mujeres constituyen - aunque parezca mentira- dos "subespecies" de la humanidad corre parejo con el desarrollo progresivo de lo que se ha dado en llamar "la ideología de las esferas separadas". Se trata otra vez de imponer normas sociales de diferencialización entre los sexos, invocando sus "capacidades naturales" para desempeñar unos u otros papeles sociales. En el contexto de la industrialización, que impone una nueva separación entre los espacios sociales de la reproducción (la fábrica) y los espacios sociales de la reproducción (el hogar o el espacio doméstico), la idea de una "especialización natural" de los sexos en una u otra de dichas esferas se impone con más o menos fuerza según los países. La cuestión de la legitimidad de la presencia femenina fuera del espacio doméstico ocupa pues el centro de las políticas sociales que acompañan al proceso de industrialización en los países europeos. A través de una serie de intervenciones directas o indirectas, la mayoría de los Estados europeos van reforzando poco a poco la división sexual del trabajo que dimana de una especialización de los hombres en el trabajo productivo y remunerado y una especialización de las mujeres en el trabajo doméstico de reproducción no remunerado. Asimismo, el Estado, a través de políticas familiares, fiscales y de protección social, participa directamente en la promoción del modelo llamado del "hombre suministrador principal de recursos", ya a finales del siglo XVIII. Sin embargo, como veremos más adelante, las formas de organización social que consagran la norma de la inactividad profesional de las mujeres casadas (y su estatuto de "dependiente" para con un cónyuge activo) se apoyarán en prácticas nacionales anteriores al capitalismo industrial y se impondrán de manera distinta no sólo según los países, sino también según los medios sociales en una misma sociedad. El análisis del peso histórico del modelo del "hombre suministrador principal de recursos" en cada contexto nacional constituye asimismo una red de lectura interesante para entender las distintas modalidades de sociedad del trabajo de las mujeres a finales del siglo XX. |
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