Jussi Pakkasvirta Víctor Raúl Haya de la Torre en Centroamérica
Ponencia presentada en el V
Congreso Centroamericano de Historia
La vida política de Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), es un tema que ha sido ampliamente investigado. Ya desde la década de 1920, el pensamiento, las estrategias y tácticas heterodoxas de Haya de la Torre estaban bajo la lupa ideológica de diferentes fracciones políticas. Es decir, existe abundante investigación sobre el "fenómeno Haya". A pesar de la cantidad de estudios sobre Haya de la Torre sigue siendo un personaje excepcional, un político y pensador original. Su vida y obra aún es un tema de investigación interesante ante los desafíos del nuevo personalismo-populismo latinoamericano del siglo XXI. El tema que nos interesa en esta ponencia es el período en el cual Víctor Raúl Haya de la Torre pasó en Centroamérica entre junio y diciembre de 1928. Se conoce bastante bien los acontecimientos del viaje, pero no se han hecho estudios sobre cual fue la verdadera influencia –si existió tal– de Haya de la Torre en el Istmo. Asimismo nos interesa el enfoque de la "historia biográfica". ¿Era Haya un pensador mediocre o un político genial, o al revés? ¿Qué pensaba verdaderamente Haya durante su peregrinaje del destierro en las Américas y en Europa, entre 1924 y 1931? Durante sus años de refugio político Haya de la Torre fue valiente en expresar sus pensamientos abiertamente; no tenía respeto exagerado ante los comunistas rusos ni ante otras "autoridades" progresistas de la época; desarrolló su propio movimiento y, además, mantuvo una posición independiente ante la corriente ideológica europea de la época. Lo fundamental para su formación política y estratégica en Europa fue llegar a entender que la gente de izquierda del otro lado del Atlántico conocía muy poco sobre la realidad latinoamericana. De esto hizo una base para la ideología aprista, sin aplicar sus conocimientos europeos en el socialismo andino, como hizo José Carlos Mariátegui al mismo tiempo en el Perú. La habilidad política de Haya de la Torre –de relacionarse con personajes que pudieran serle de utilidad para sus intereses– es evidente más tarde, en su amistad con personajes tales como Albert Einstein o Romain Rolland. Ni sabemos si a Einstein le atrajo tanto Haya, pero este último afirmó que "Einstein me ha mencionado como uno de los pocos que entiende la teoría de la relatividad." Por otro lado, José Vasconcelos, que en los años 20 ayudó y hasta servía de ejemplo para Haya, ha dicho de él: Probablemente no hay otro caso en la historia hispanoamericano en que un sujeto de talla tan mediocre haya logrado crear y mantener durante varios lustros una agrupación política tan poderosa. El aprismo ha sido una aspiración ardiente pero ciega y confusa. Así su jefe, hombre de tesón para la lucha cívica, nunca ha tenido una ideología precisa, quizás por falta de cultura, quizás porque ha pensado que el oportunismo en materia de doctrina social era el medio más seguro para lograr el triunfo. Parece que en Centroamérica pudo usar mucho estas habilidades. Sólo leyendo sistemáticamente la famosa revista cultural costarricense de Joaquín García Monge, el Repertorio Americano, se encuentran elogios sin casi ninguna crítica. Además, el caso de Costa Rica es interesante, porque aún ni existía un partido comunista que hubiera cuestionado ideología aprista, aún no muy bien desarrollada. Muchos de los intelectuales progresistas e izquierdistas se movían, aún durante la visita de Haya, en los mismos círculos. De hecho, tampoco en otros países del Istmo existía mucho conocimiento de la ruptura ideológica del Congreso Antiimperialista de Bruselas (1927). La primera nota al respecto es el Manifiesto del Partido Comunista de Centro-américa (Guatemala, 1 de mayo de 1928): […] Es de suma necesidad que cada Centro Americano sepa que el Imperialismo Yanquee, Inglés y Japonés son nuestros más necios enemigos; además de ellos hemos de luchar también con los líderes Burgueses reforistas [sic.] y oportunistas, hemos de saber que la C.C.P.A. dirigida por Green en EE.UU. de América, la oficina que los Partidos Laboristas nos señalen en Ginebra la Internacional de Amsterdam, no son más que refornistas [sic.] y sujetas a la burguesía Internacional, como también la Organización sietemesina fundada por Haya de la Torre en la América Latina es oportunista, antirevolucionaria, esta es el A.P.R.A. Esta organización lo prueba hasta la evidencia que sólo ataca el Imperialismo de los Banqueros de Wall Street y a la Casa Blanca y olvida el Inglés y los demás; tal Organización en este Continente la repudiamos por hipócrita y anticientífica […]. Este manifiesto evidencia que los comunistas guatemaltecos ya sabían que era el APRA –y que odiaban a la política reformista con tanta furia que ni pudieron escribir la palabra sin errores en su manifiesto, cuyo diseño gráfico de colores, quizás, era superior a su contenido–. La breve historia de APRA en la década de 1920 Con el movimiento de Augusto C. Sandino, el APRA fue el movimiento antiimperialista latinoamericano que más símbolos continentales produjo durante los años 20. Durante esta década el ideólogo fundador del movimiento, Haya de la Torre, desarrolló su propia interpretación sobre el imperialismo en América Latina. Estaba leyendo la teoría de Lenin al revés y metió allí ideas metafísicas y psicológicas del Conde Keyserling, C.G. Jung y Romain Rolland. Según Haya de la Torre, la tesis de Lenin sí funcionaba en los países industrializados, pero en el "espacio tiempo-histórico indoamericano" todo era diferente. Haya afirmaba que el capitalismo llegó a Indoamérica con el imperialismo. Por lo tanto, en su teoría sobre el imperialismo, este último era la primera fase del capitalismo porque sólo después de la invasión del capital extranjero, desde el fin del siglo XIX, el capitalismo pudo desarrollarse de verdad en América Latina. Aunque su idea se abre fácilmente a la crítica por la falta de análisis de relaciones entre el feudalismo y el capitalismo, aún en la década de 1980 los apristas peruanos seguían argumentando la misma tesis. Haya de la Torre y treinta estudiantes latinoamericanos desterrados, fundaron el APRA en Ciudad de México en mayo de 1924. La declaración del movimiento enfatizaba la unidad latinoamericana y la lucha contra el imperialismo estadounidense. La declaración –que más tarde se convirtió en el programa continental/internacional del APRA– se sintetizó en cinco puntos: 1) acción contra el imperialismo yanqui; 2) por la unidad política de América Latina; 3) por la nacionalización de tierras e industrias; 4) por la internacionalización del Canal de Panamá; 5) por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidos del mundo. La idea era formar una alianza estrecha latinoamericana a la que pertenecerían todos los grupos sociales latinoamericanos que directa o indirectamente sufrían por el imperialismo. Haya hablaba del "frente único" de intelectuales, obreros y las clases medias proletarizadas. En cada país habría que organizar una célula aprista que siguiera el programa continental desde las condiciones nacionales, aplicando el programa interior o mínimo del APRA. Aunque la mayoría de los intelectuales jóvenes de la época estaban contra el "imperialismo yanqui", no existía, antes de la fundación del APRA, un movimiento continental antiimperialista. Por otro lado, no hay que exagerar –como la historiografía aprista ha hecho muy a menudo– la importancia del APRA aún en 1924. Era, primero, sólo una actividad política de estudiantes, pero después, con el trabajo político consciente de Haya de la Torre, la importancia simbólica del movimiento creció hacia finales de los años 20, hasta convertirse en un partido político nacional en el Perú, en 1931. Hasta ese año, hablar sobre el APRA en realidad es hablar de Haya de la Torre. Él surgió como el patrón, mártir y filósofo del Partido Aprista Peruano que se desarrolló de un "club político de los desterrados" al partido político más importante del Perú. En Lima, antes del destierro y de la fundación del APRA, Haya de la Torre ya se había interesado superficialmente en la teoría socialista. Por una lectura no muy ortodoxa de Marx, Engels y Lenin se animó a poner en práctica ideas como el "Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales". Por ser uno de los organizadores de las actividades políticas contra la dictadura de Augusto B. Leguía, las cuales se cristalizaron en las huelgas y demostraciones de 1923, Haya fue deportado de su país. Llegó a México por Panamá y Cuba. Después de conocer el México post-revolucionario y fundar el APRA, se marchó a Estados Unidos para incorporarse al grupo de estudiantes cristianos e independientes que iba a visitar Rusia. La historiografía aprista no reconoce los contactos directos con comunistas mexicanos, aunque ya sabemos que el Partido Comunista de México dio sus recomendaciones a Haya –las quisiera éste o no–. De Nueva York Haya salió con el mencionado grupo norteamericano-mexicano en el barco Esthonia –por casualidad en compañía real, con el príncipe danés Valdemar–. Llegó a la Rusia soviética a través de Dinamarca, Danzig y de los países bálticos en junio de 1924. Parece que esta visita fue muy importante para el planteamiento de sus ideas. El viaje se realizó durante la época del entusiasmo revolucionario, cuando aún había discusión libre y no demasiado doctrinaria sobre las estrategias del cambio social. Además, muy pronto después de conocer el México post-revolucionario, Haya recorrió otro país en proceso revolucionario organizativo. Este proceso influenció –quizás aún más de lo que se ha pensado– su trabajo político posterior. Por tener suerte y por exagerar conscientemente la importancia del APRA, fue recibido con más atención que cualquier estudiante internacionalista de visita en la "Patria de la Revolución Socialista" en los años 20. La correspondencia que Haya mantuvo en 1924 y 1925 con Comintern revela el desarrollo ideológico que había alcanzado. En estas cartas Haya planteaba sus ideas, que más tarde fueron publicadas en sus libros y artículos periodísticos. Su oposición al eurocentrismo, el que era representado sin duda también por los intelectuales socialistas del Comintern, ya era obvia cuando afirmó: "Cada día me convenzo más que la revolución de los trabajadores americanos debe ser 'obra de ellos mismos' sin intervenciones o tutelas de Europa. Sería admirable que pudieran marchar juntos los proletariados de Europa y América pero resulta irreal por ahora. Aquí [en Europa] no sólo se ignoran nuestros problemas sino que no se les da importancia." El proyecto antieuropeísta, indoamericano y continentalista del APRA ya era más claro en 1928, cuando Haya regresó de Europa: Yo prefiero mil veces que miremos hacia nosotros con exageración a que nos perdamos en un internacionalismo simplista y necio o en un europeísmo de remedo, vicio de nuestros intelectuales, barniz de nuestras mediocridades. Soy indoamericanista porque creo con Engels que la realidad no se inventa, se descubre. No pertenezco a los que buscan el remedio de nuestros males fuera de nosotros mismos [...] He vuelto de Europa más indoamericano que nunca. He visto desde lejos a nuestra América con interés y con admiración. Convencido de la urgencia de su unidad, para defendernos del imperialismo amenazador, creo que cada país debe buscar sus verdaderos valores, reivindicarlos y ofrecer a la gran tarea histórica de luchar contra el enemigo del Norte y de afirmar nuestra soberanía. El antiimperialismo de Haya de la Torre ya pertenecía al mundo latinoamericano, pero las ideas prosoviéticas de Haya de 1924 y 1925 no habían desaparecido completamente. Estuvieron más tarde presentes en la organización del partido aprista en el Perú. Sin embargo, el antieuropeísmo se dirigió contra el comunismo y las tutelas de Moscú. Haya enfatizaba que la realidad social latinoamericana era muy diferente a la de Europa y Rusia, y los partidos comunistas, en todos los países, también en las Américas, eran partidos de clase nacidos con el modelo europeo, ajenos a la realidad continental americana. Según Haya, la dictadura del proletariado era históricamente imposible en países como el Perú, mientras no existiera una clase proletaria definida con tal conciencia. Comparando el aprismo con el comunismo internacional, la actividad aprista a nivel continental nunca fue muy concreta. Hubo intentos de mandar a voluntarios apristas a luchar con el ejército de Sandino en 1927 y 1928. De todas formas, durante los años 20 existieron células apristas tanto en América Latina como en Europa, las más importantes en Buenos Aires, en la Ciudad de México y en París. Estaban organizadas y dirigidas por intelectuales nacionales o por estudiantes peruanos, desterrados por la dictadura de Augusto B. Leguía. En 1929 existían células apristas también en Bolivia, Chile, Perú, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Puerto Rico, República Dominicana, Cuba y Londres. Se ha exagerado la importancia de estas células en la historiografía aprista, ya que normalmente funcionaban como clubes políticos o culturales. Por ejemplo, la célula de París no sólo organizó actos antiimperialistas sino también tertulias con música incaica y comida latinoamericana. De hecho, nunca nacieron fuera del Perú partidos apristas que hubieran jugado un papel importante en la política nacional. Parece que el APRA internacional/continental era algún tipo de "sucedáneo" para un inquieto y ambicioso sujeto desterrado. En el fondo, Haya era un político que quería simplemente hacer algo concreto. Haya de la Torre regresó al Perú en 1931 y dirigió toda su actividad política a la organización del Partido Aprista Peruano. Después, para este nuevo tipo de político, la utopía continental indolatinoamericana era bien secundaria. Al mismo tiempo empezó la fragmentación de la izquierda latinoamericana que paulatinamente debilitó el proyecto radical continentalista que había surgido durante los años 20. En Centroamérica De Guatemala a El Salvador Parece que la primera y última fase del aprismo internacional coincidió con la visita de Haya de la Torre en Centroamérica en 1928. Ya antes de marcharse hacia el Istmo, Haya y sus compañeros habían planeado en México actividades apristas directas. Según las palabras del mismo Haya, él vino al Istmo para apoyar la lucha de Sandino y para unir las fuerzas antiimperialistas latinoamericanas: "Mi viaje a Centro América tuvo por objeto primordial acercarme a Nicaragua". Puede ser que esa era la intención de Haya, pero por fin su viaje no tuvo acciones concretas en ese sentido. También parece que Haya no pudo o no quería usar contactos no oficiales que sin duda hubiera podido encontrar, para reunirse con Sandino. Para acercarse a Sandino y a Centroamérica –para combatir "al imperialismo en sus propios dominios"– Haya de la Torre empezó su viaje de México, a donde había pasado medio año, después de dar varios conferencias en Boston y Nueva York. Había regresado de Europa en setiembre de 1927, lleno de ideas antiimperialistas, pero también cambiado. Ya no era sólo un líder estudiantil sino también quería rodearse de una imagen de estudioso intelectual europeo que había vivido en los círculos intelectuales de París y Oxford, quizás hasta un poco "chic". Haya de la Torre llegó a Guatemala de Yucatán en junio de 1928. Según la historiografía aprista dictó en Ciudad de Guatemala, en Quezaltenango y en otras ciudades guatemaltecas veinticuatro conferencias con éxito, antes de ser deportado el 23 de agosto por "indicación del poderoso amigo del Norte". Haya mismo escribe en una carta dirigida a los diarios La Idea, La Epoca y La Batalla, de la ciudad de Quezaltenango: Notificado por la Policía Nacional, debo abandonar mañana mismo tierra guatemalteca por ser persona no grata a la legación Norte Americana. Se me expulsa en nombre de "los intereses de la Patria" que según la entienden el imperialismo y sus servidores no es sino la celestina de la prostitución. No quiero pasar las fronteras del país sin enviarles a ustedes mi palabra de adiós y mi último mensaje de aliento. Ustedes están librando una campaña de una prensa honrada y patriota. Por eso, la otra prensa y los intereses del imperialismo les ataca. Ha sido un periódico Nuestro Diario, el iniciador directo del proyecto de deportación largamente madurado por la Legación de Norte Americana. De Guatemala pasó a San Salvador, donde siguió su carrera de conferencista antiimperialista con cinco actividades en la Universidad. Alberto Masferrer lo recibió allí describiéndolo como un muchacho sencillo, con absoluta falta de pose, con agilidad de espíritu y con concentración "que lo hace aparecer como uno que juega con la vida." De hecho parece que Haya de la Torre algo jugó con su vida porque existía un plan de capturarlo y entregarlo a las autoridades norteamericanas de Nicaragua. Luis Alberto Sánchez escribe en la biografía de Haya que hasta existía el plan de ejecutarlo sumariamente. Lo dudamos porque sí los funcionarios o agentes estadounidenses lo hubieran querido capturar y matar, igualmente lo hubieran hecho durante su visita en Estados Unidos. ¿O se había radicalizado tanto Haya de la Torre durante unos meses que ya era tan temido? Más bien parece que Haya de la Torre y la historiografía aprista querían dar a estos acontecimientos con la policía salvadoreña una aureola heroica y revolucionaria. De todas maneras, pudo asilarse en la Embajada de México y seguir el 14 de setiembre en el barco hacia Corinto, pero "por falta de garantías" de seguridad personal –y quizá por otras razones que conoceremos adelante– no quiso desembarcar. El antiimperialista peruano nunca llegó a conocer a Sandino. El único aprista peruano que estaba en los campamentos de Sandino, en abril de 1928, era Esteban Pavletich, amigo de Haya de la Torre y el secretario general de la célula aprista de México. Estuvo en Guatemala desde 1926, de donde se fue vía Cuba a México. Cuando Haya llegó a El Salvador, Pavletich ya lo estaba esperando. Después Pavletich regresó a Guatemala y a las tierras aztecas; en 1929 se integró al Partido Comunista de México. Este año también formó parte de la comitiva internacionalista de Sandino en México. Mientras tanto, Haya de la Torre seguía su ruta aprista e internacionalista en Centroamérica. El "Gentleman de Oxford" en la "Suiza de Centroamérica" De Corinto llegó Haya de la Torre al puerto de Puntarenas en Costa Rica, elogiando a la "particularidad" pacífica costarricense, "había tregua a esa vida sin tregua". Intelectuales y escritores, como Joaquín García Monge, Carmen Lyra, Omar Dengo o Ricardo Moreno Cañas, lo recibieron con calor humano, solidaridad y fraternidad. Cooperó con el trabajo de la Universidad Popular en San José y con la fundación de la célula aprista de Costa Rica. A raíz de la visita de Haya se fundó también el "Centro de Estudios e Investigaciones Económicas" y la "Alianza de Obreros y Campesinos". A pesar del programa antiimperialista tan agitado, Haya de la Torre también tuvo tiempo para el placer, el deporte y la diversión. Por ejemplo, realizó excursiones a los volcanes que rodean el Valle Central de Costa Rica. Haya describe al país de la manera siguiente: "Hasta ahora es el primer país de Centro América en donde no me ha llamado la policía para notificarme que no debo callar todo lo no grato para la policía de Estados Unidos. Hasta ahora tampoco he notado espías cerca de mí, y en cambio hallé grandes amigos nobilísimos, intelectuales independientes, prensa antiimperialista, pueblo amable y –valga párrafo especial– campesinos hospitalarios que, en mi reciente ascensión al cráter encendido del imponente Irazú, calmaron mi hambre y mi sed y me brindaron generosamente un lecho limpio de esteras de plátano para que pasara la noche ensombrecida por la tormenta. Si después de mis conferencias, no me expulsan, diré que Costa Rica es en verdad 'democracia concertada', país libre [...] Lo deseo mucho por estos tranquilos costarricenses, amables, tan dignos de no llevar sobre las frentes el yugo ominoso que gobernantes traidores de Guatemala y El Salvador pretenden imponer a sus nobles pueblos." Parece que por todo ello el "Gentleman de Oxford" se quedó cuatro meses en la "Suiza de Centroamérica", sin duda también por otras razones. La idea del APRA era conocida en Centroamérica mucho antes que Haya de la Torre realizara su viaje de siete meses por los países del Istmo. También se sabía que este peruano desterrado tenía algo de fama en muchos partes del mundo; que era un orador excelente con un mensaje antiimperialista continental. En especial, los círculos de intelectuales progresistas, pero no abiertamente comunistas ni socialistas tenían un interés creciente en este joven portavoz del indoamericanismo y continentalismo. Igualmente, el Haya de la Torre que visitó Costa Rica en 1928 era muy diferente al Haya que llegó desterrado del Perú a México en 1924: había cambiado bastante con respecto a los años de lucha social en Lima. Ya no era solamente un fundador de "Universidades Populares" o un líder estudiantil, ahora era un hombre con experiencia internacional que conocía muchas partes del mundo, un intelectual de Oxford y de París, y más que nada, un político de nuevo estilo que aún no se conocía en América Latina. En el 'Repertorio Americano' Las primeras notas sobre la trayectoria de Haya de la Torre se conocieron en Centroamérica por medio del Repertorio Americano, la revista cultural que editaba Joaquín García Monge desde Desamparados en San José. Según León Enrique Bieber, el Repertorio Americano era –junto con el periódico El Norte fundado en Trujillo, ciudad natal de Haya de la Torre– la revista latinoamericano más importante para divulgar el pensamiento aprista. En general, las ideas de Haya de Torre eran mas o menos las mismas que propagaban la mayoría de la intelectualidad progresista pero aún no comunista latinoamericana: unidad latinoamericana, justicia social, alerta ante el peligro imperialista norteamericano, educación del pueblo, responsabilidad del intelectual hacia las masas obreras e indígenas. En el Repertorio y en El Norte también se destacaban claramente los intereses de la clase media proletarizada por el imperialismo norteamericano. Defendían "los intereses de pequeños y medianos empresarios, en este caso empresarios centroamericanos y de la región del Caribe amenazados con la ruina económica debida a la expansión del capital estadounidense en estas regiones". Entre los años 1924 y 1930 en el Repertorio Americano salieron alrededor de 50 artículos sobre Haya de la Torre o del APRA. El primero es una noticia sobre su destierro del Perú. Después, desde el año 1925, hay una cantidad de artículos, muchos escritos por el mismo Haya –cartas, manifiestos apristas y reproducciones de sus artículos y entrevistas– pero también textos de otros intelectuales "apristas" latinoamericanos. Durante su gira centroamericana el Repertorio seguía los acontecimientos y expulsiones en Guatemala y en El Salvador. Sobre la primera conferencia costarricense de Haya de la Torre, dada el 11 de octubre en el Teatro América, escribe el poeta José María Zeledón lo siguiente: Adrede usamos los términos construyó su conferencia y puntos de vista nuevos para nosotros, porque la oración de este arquitecto de la dialéctica objetiva no fue un hacinamiento de palabras rimbombantes coronadas de gritos –que ha sido lo usual en nuestro ambiente tratándose del manoseado imperialismo nórdico que nos amenaza– sino una admirable yuxtaposición de hechos y de números, de realidades vistas a través del lente económico que es el vidrio bajo el cual deben mirarse ahora todos los fenómenos de la sociología y de concreciones estadísticas irrecusables; todo ello empleado con arreglo a la disciplina armónica de una palabra persuasiva y sobria que en todo momento coloca el término preciso, con esta precisión de fogonazo que ilumina de pronto largos trechos de la intrincada exposición, y de un accionado flexible y vigoroso que preside, explicándolo de previo, el vocablo tendencioso que así armado de convicción llega a lo recóndito de la conciencia colectiva, o sigue, completándolo, el sentido gráfico y desnudo de sus rotundas afirmaciones." Aunque Zeledón, el maestro de frases par excellence, estaba en desacuerdo con algunos puntos no fundamentales de Haya de la Torre, sin ninguna duda el prototipo del nuevo político latinoamericano hizo mucho impacto en los círculos intelectuales del país que en el futuro produciría políticos como José Figueres. Carmen Lyra, otra escritora e intelectual costarricense, escribe en el Repertorio que "al escuchar a Haya de la Torre he sentido vergüenza de mi escepticismo cómodo y de mi pesimismo que no es otra cosa que ignorancia de la realidad que mueve el presente y el porvenir de mi país y el de la América Central. Su optimismo constructivo me ha puesto a ver los bueno que hay en torno mío, los hombres, las mujeres y los niños sanos de mi pueblo, las fuerzas hermosas y las riquezas que se agitan en mi derredor y al mismo tiempo el anhelo de cuidarlas y conservarlas." Otro texto que Carmen Lyra escribió inspirada por el aprismo –ya antes de la visita de Haya de la Torre a Costa Rica– es una carta que dirigió a Magda Portal, la mujer aprista más destacada de la época. En ésta Lyra también critíca la autosuficiencia y particularidad pacífica de su país: "en Costa Rica vivimos muy a gusto, metidos como sardinas en aceite, dentro de una pobre comodidad que nos hemos creado, y este hábito oleaginoso nos hace mirar con absoluta indiferencia la suerte de los otros pueblos de la América indoibérica." Aunque Carmen Lyra más tarde se introdujo a la corriente comunista, parece que nunca llegó a criticar a Haya de la Torre con la furia que lo hacían otros comunistas del continente. De Panamá a ... ¡Alemania! Aunque Haya de la Torre disfrutó su exitosa estadía josefina, sus intereses políticos principales estaban, sin duda, todo el tiempo en el Perú. En México, a principios de 1928, había trabajado, con otros peruanos refugiados, con el llamado "Plan de México". Este documento contenía las instrucciones completas para una insurrección armada, que se iniciaría en las petroleras de Talara en el norte del Perú. Ahora era el tiempo de volver a México para iniciar la acción del Perú. Para desgracia de Haya, hubo fuertes inundaciones en el camino entre San José y Limón. En la costa del Caribe, el peruano hubiera podido embarcarse directamente para México, pero optó por solicitar visa, a fin de embarcarse en Puntarenas en un barco alemán "Phoenicia" hasta Panamá. De allí iba a seguir a México, pero en el puerto panameño le esperaba una sorpresa: no le dejaron desembarcar sino que tuvo que seguir con el mismo "Phoenicia" hasta el próximo puerto –¡a Hamburgo! *** Así salió del istmo centroamericano el creador del aprismo. Antes de su salida de Costa Rica, el 12 de diciembre de 1928, Haya escribió una carta de Puntarenas. La carta sintetiza claramente los "resultados" de su viaje: En mi vida no podré olvidar fácilmente a Puntarenas. La vi al llegar [de Corinto], como puerto de salvación y al salir, como albergue de gratas melancolías. Arrojado de otros países centroamericanos, impedido de arribar a Nicaragua por mandato de invasor, traía a Costa Rica un dolor recóndito: el de saber perdida la libertad en aquellos pueblos, desgarrada y sacrificada en aras del extranjero voraz y corruptor. El bello paisaje de las costas de El Salvador, de Honduras y Nicaragua me pareció ensombrecido por la trágica realidad de su doloroso sometimiento. Creí que todo estaba perdido para mí la alegría en Centro América. Puntarenas fue como mi última esperanza en este naufragio de optimismo […] Centro América me ha dado una alegría plena y una renovación de fe en esta tierra que dejo. Vine curioso y desconfiado a ella y llevo al salir una profunda exaltación de mi afirmación optimista. Creo que el pueblo costarricense es digno de los otros pueblos centroamericanos, con la ventaja sobre los demás de que aquí la tiranía ya está vencida y lo que les queda por hacer es fortalecer y cumplir la obra consumadora del buen gobierno, ayudando después a los pueblos hermanos del Istmo a librarse del despotismo nacional y extranjero que les oprime […] en Puntarenas, quemado por su sol, envuelto por el hálito de su mar y rodeado de sus mejores espíritus. Eso no se olvida. Eso no lo puede olvidar aquél que está siempre luchando en la eterna batalla por la libertad y por la justicia. Porque días de paz, de calma y de hospitalidad, son días gratos a todo luchador." Epílogo: ¿Oportunista, ideólogo o político indoamericano? 1924, "Agente del Soviet", "vendido al oro ruso"
Estas definiciones variadas sobre Haya de la Torre muestran que no es fácil dibujar un cuadro simple de su personalidad. Igualmente, por tantas definiciones podemos adivinar que nunca fue un pensador teóricamente muy original, sino que su capacidad fue la de unificar, adoptar y popularizar las ideas de otros. Por otro lado, justo así actúa un buen político. En Centroamérica se presentó como un revolucionario antiimperialista, pero también como un intelectual internacional y humilde. Al mismo tiempo brilló con la autoestima que le habían dado los años del exilio. La meta principal de su visita centroamericana era reunirse con Sandino y sacar información de la práctica revolucionaria del Istmo. Ya el "Plan de México", para hacer una insurrección en el norte del Perú, necesitaba ayuda de tales experiencias. Sin embargo, no tenía suficientes contactos para llegar a Sandino –o simplemente no tenía ganas de ir a las montañas nicaragüenses–. Parece que a Haya –fuera del Perú–le gustaba ser más un revolucionario que hablaba en los cafés o daba conferencias en las universidades o en otras escenas parecidas. Era el portavoz del antiimperialismo, pero no un guerrillero revolucionario como Sandino. Además, la mirada de Haya de la Torre ya se orientaba claramente hacia el Perú y hacia el poder político. De hecho, en 1931, antes de las elecciones de ese año, su oportunismo político –¿o su habilidad hacia un nuevo tipo de política?– era muy claro. Hasta los representantes diplomáticos estadounidenses –los mismos quienes todavía un año antes consideraban a Haya como un revolucionario peligroso o un agente pagado por Moscú– lo veían como un hombre simpático, constructivo y liberal, con el cual valdría la pena hacer cooperación política en el futuro. Aquí ya podemos reconocer el prototipo del nuevo político populista latinoamericano. Otro enfoque de relevancia es que Haya de la Torre, como Augusto César Sandino al mismo tiempo en Nicaragua, aparecieron en la escena política antiimperialista en los tiempos de la fragmentación de la izquierda política a nivel latinoamericano. Es obvio que el antiimperialismo radical del continente latinoamericano se había fragmentado en casi todos los países, no sólo en el Perú o Nicaragua. Ya existían los comunistas internacionalistas y anticapitalistas, los populistas y apristas continentalistas, multiclasistas –sin olvidar a los progresistas liberales y arielistas hispanistas–. La estrategia de Haya de la Torre en América Latina era hacer "nuestra revolución francesa" o "nuestra revolución mexicana", que combinara la lucha contra el feudalismo con la lucha contra el imperialismo y afirmara una era precursora de transformaciones posteriores. La revolución proletaria –si había necesidad de una– vendría después. Al contrario, la tesis del Comintern era, con la voz de Humberto Droz, que en los países latinoamericanos no existía fundamento alguno para el desarrollo de un capitalismo nacional autónomo, y que en el continente las condiciones estaban dadas para una rápida transición de la revolución democrática burguesa a la revolución proletaria. En general, el caso del APRA es básico para poder entender la nueva fragmentación política de la izquierda tanto en América Latina, como en Centroamérica. Queda para la investigación futura esclarecer las relaciones entre los comunistas centroamericanos y los intelectuales estilo "apristas" que quedaron fuera de los partidos comunistas; como lo ejemplifican de manera muy clara Joaquín García Monge y Carmen Lyra en el caso costarricense. Sin embargo, posponemos este trabajo fascinante para el próximo Congreso Centroamericano de Historia. --- Jussi Pakkasvirta
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